dimecres, 8 de juliol de 2015

"Exégesis de los lugares comunes" Léon Bloy (acantilado) [Trad. Manuel Arranz]


"Lo que es incuestionablemente bueno es ver sufrir al prójimo, saber que sufre. Es bueno en sí mismo y es bueno por sus consecuencias, puesto que un hombre destrozado es un hombre al que nos podemos comer. Y es de sobra conocido que no hay carne más sabrosa, ni siquiera la de los cerdos."

"Parece lícito preguntarse, e incluso preguntar a los demás, por qué un hombre que ha vivido como un cerdo no quiere morir como un perro."

"Los moralistas han observado desde hace tiempo que siempre se tiene bastante fuerza de ánimo para soportar las penas de los demás."

"Todo, si se trata de rechazar. Nada, si se trata de dar. Tal es la excelsa ley primordial."

"El modesto Burgués, que no se siente tentado por ningún heroísmo ni ambiciona subir a las nubes, piensa que está suficientemente protegido de las eventualidades de la mala suerte si lleva en el bolsillo su cartera o la cartera de otro."

"La conciencia, dicen los filósofos, es la opinión que uno tiene de sí mismo, opinión casi siempre favorable. La conciencia es, entonces, algo así como un espejo enamorado de la persona que se mira en él."

"Los estómagos vacíos son excelentes tambores para la instrucción de los miserables que quieren conquistar el paraíso. Peor para ellos si no comprenden la suerte que tienen"

"Después del honor, la honradez; después de la honradez, la mangonería y la depravación infernales engendradas por ella con amor. Y no hay nada más que decir."

"Pero en la sociedad burguesa, uno es esperado como el Mesías cuando es indispensable, y devuelto como una una lavativa cuando ya no sirve para nada."

"Seréis el negro, el antiguo esclavo de los comerciantes pestilentes, que os abrirán las venas al mismo tiempo que el crédito, y que os cortarán en lonchas cuando les venga en gana. El comerciante más miserable que os conceda crédito es vuestro amo y señor, lo mismo que el demonio es el amo y señor de los condenados."

"Tendrías que pensar en ello, pobre imbécil, y, pensándolo, dejar por un momento de ser un estúpido y de hacer sufrir a los desdichados. ¡Porque tú y yo somos eso, y nada más que eso, abismos!"